Diciembre llegó a Nueva York con la sutileza de una navaja afilada. El cielo amenazaba nieve, y el viento que corría por Park Avenue cortaba la piel expuesta. Pero dentro de la torre de Sterling Maritime, el clima era artificialmente perfecto.
Era 8 de diciembre. Había pasado una semana desde que cerraron el trato con la empresa Hansei Tech. Una semana de correos electrónicos tensos, burocracia legal y silencio sepulcral desde Seúl.
Luciana cruzó las puertas giratorias con la barbilla en alto.