El teléfono de la oficina principal de Sterling Maritime sonó a las 10:00 AM en punto. No era el teléfono general, ni el celular personal de Luciana. Era la línea fija privada, un número que solo tenían tres personas en el mundo: Jerome, el jefe de seguridad del puerto y Richard Vanderbilt.
Luciana, que estaba revisando proyecciones de carga para el primer trimestre, sintió un escalofrío inmediato.
Levantó el auricular antes del tercer timbrazo.
—Sterling al habla.
—Buenos días, Luciana.
La voz