La bolsa de ropa colgaba de la puerta del armario del pequeño dormitorio en el Upper West Side como un intruso silencioso. Era negra, elegante, con el nombre "Tom Ford" grabado en letras doradas discretas pero ineludibles.
Luciana estaba sentada en el borde de la cama, con las manos entrelazadas sobre su regazo. Llevaba jeans y un suéter sencillo, tratando de mimetizarse con el entorno, pero su mente estaba en modo de guerra.
Había pasado la tarde en Madison Avenue. No había sido una compra impulsiva. Había sido una maniobra táctica.
Richard no iba a recibir a Ethan como a un igual. Iba a buscar hilos sueltos, costuras baratas, zapatos gastados. Iba a buscar cualquier excusa visual para descartarlo, para hacerle sentir que no pertenecía a ese salón de baile dorado.
Luciana sabía que el esmoquin que Ethan había usado en la gala anterior —aquel que ella misma le había comprado apenas unas semanas atrás— era bueno. Era un Hugo Boss clásico, elegante y funcional. Pero "bueno" no era sufic