El martes en Clifford Chance era un martes como los demás.
El caso Beaumont ocupaba el despacho desde las ocho: contratos de joint venture entre dos fondos de infraestructura europeos que llevaban meses negociando y cuya dificultad no estaba en la ley, sino en que ambos tenían la misma idea equivocada de lo que era una cláusula de salida “razonable”. Ethan había encontrado el hueco la semana anterior. Esa mañana lo estaba convirtiendo en argumento.
Trabajó sin interrupciones hasta las diez y me