El Louvre Abu Dhabi abría a las diez.
Aisha Al-Mansouri llegaba a las ocho y media.
Las dos horas antes eran suyas. El silencio de los espacios antes de que la gente llegara. La luz entrando por los paneles de la cúpula en capas, filtrada por la geometría de acero, descomponiendo el sol en algo que no quemaba, sino que revelaba.
Ese martes, el informe de adquisición tuvo que esperar.
Su asistente lo había reenviado sin comentario.
Solo el enlace. Solo Page Six.
Aisha abrió el artículo desde el