El informe llegó a las once de la noche.
Luciana estaba sentada en el estudio de la mansión Sterling, entre silencio y madera oscura, cuando su teléfono vibró.
No fue una llamada ni un SMS: era una notificación del canal seguro que Jerome había instalado meses atrás.
“Por si alguna vez necesitaba hablar sin que el mundo escuchara”, le había dicho él, como si lo hubiera previsto.
Archivo adjunto. Léalo con cuidado. No lo mencione por llamadas normales. —Jerome
Luciana sintió un nudo en el estómag