La guerra en Columbia no se parecía a una guerra.
Tenía sonrisas, links, y gente que te miraba como si ya hubieran votado tu sentencia.
Luciana caminó por el campus con el mismo abrigo de siempre y la misma postura recta. Si alguien le preguntaba cómo estaba, respondía “bien”. Si alguien intentaba sacarle una reacción, no se la daba.
Pero por dentro, el pánico de aquella noche en la mansión seguía ahí, agazapado como un animal que aprendió a esperar el momento exacto para morder.
Lo único distin