El campus de Columbia se extendía ante Luciana como un territorio hostil disfrazado de familiaridad. Los mismos caminos de piedra, los mismos edificios neoclásicos, las mismas bancas donde había estudiado con Ethan hasta que el sol se apagaba detrás de los rascacielos. Todo igual. Todo diferente.
Caminaba con la barbilla en alto, los hombros rectos, la postura que su abuelo le había enseñado: nunca dejes que te vean sangrar. Por dentro, era otra cosa: un vacío con forma. Una pregunta sin respues