El auditorio 301 estaba lleno de apellidos que movían bolsas de valores. Bradford. Lawson. Morrison. Hijos de imperios, todos con algo que probar.
Luciana eligió un asiento en la tercera fila y sacó su laptop.
A las 2:58 PM, el profesor William Harrison entró al auditorio. Sesenta años, cabello gris, traje de tres piezas que olía a viejo dinero y academia.
—Buenas tardes. Bienvenidos. Antes de comenzar, tengo un anuncio. Este semestre tendremos un asesor invitado con experiencia real en negociac