El lunes después de Montauk, Luciana llegó al Sterling Building a las ocho y cuarto.
Abrigo camel. El bolígrafo azul en el bolsillo interior. El cabello recogido con la precisión habitual. La expresión de alguien que había dormido bien por primera vez en mucho tiempo: no descansada, que era una palabra demasiado simple para lo que tenía en la cara, sino asentada. Como si durante la noche todas las piezas internas hubieran encontrado por fin el lugar correcto y el cuerpo hubiera amanecido sin ne