La carta de Stefan llegó el miércoles con el correo de la mañana.
Jackson la subió junto con el resto de la correspondencia en la bandeja de plata de siempre: tres sobres de negocios, una invitación a un acto de la fundación y un sobre más pequeño, de papel grueso, sin membrete ni remitente impreso. Solo la letra de Stefan en el exterior, inclinada hacia la izquierda, con esa presión sobria y reconocible que Richard identificaría en cualquier parte. Era la misma presión con la que había firmado