Esa tarde Lauren se vistió muy elegante y tomó su bolso de mano y las llaves del auto.
La mansión parecía desierta,la mujer suspiró de alivio y bajaba a hurtadillas.
No había llegado a la mitad de la escalera cuando su esposo la detuvo con un gritó que la dejó paralizada.
—¡Mujer del demonio!,¿a dónde crees que vas?
La tomó del cabello y la condujo a la habitación.Afuera se escuchaban los llantos de Lauren.
—¡No por favor!Apolo, te prometo que no saldré a la calle sin tu permiso.
—Eres una call