Ares observó con frialdad al informante que se encontraba frente a él.
Tiberio era un simple hombre, de mirada nerviosa y manos temblorosas.
En ese momento para Ares, representaba el único hilo que lo podía conducir hacia su objetivo: el misterioso capo que amenazaba la seguridad de su familia.
— Creo que no me entendiste —dijo Ares, enfatizando cada palabra, su voz era una mezcla de dureza y determinación—. Te ordené que me lo entregues en bandeja de plata.
El informante, tragó saliva y se ac