Pasó el resto del día llena de pánico ante la posibilidad de que Ares hubiese sido una víctima del tiroteo.
Perdió la cuenta de la cantidad de veces que había cambiado los canales de televisión en busca de noticias sobre Ares.
La ausencia de noticias era asfixiante. Las sombras de la duda y el miedo danzaban en su cabeza.
Un sudor frío le recorrió el cuerpo,recordó que luego del tiroteo no había sentido a los niños moverse en el vientre y se preocupó aún más.
“¿Qué diantres tenía yo que ir a