La sala de espera era un espacio minimalista con paredes color crema y plantas que parecían demasiado perfectas para ser reales. Cassandra jugueteaba con el borde de su blusa mientras esperaba. El reloj de pared marcaba cada segundo con un tic-tac que le recordaba que aún podía levantarse y marcharse.
—¿Señora Vega? La doctora Morales la recibirá ahora —anunció la recepcionista con una sonrisa ensayada.
Cassandra asintió, tragando saliva. Nunca había ido a terapia. Siempre pensó que era para pe