~CHRISTIAN~
Me senté en el auto y encendí el motor, pero no pude salir de inmediato. Mis manos temblaban en el volante, aún procesando lo que acababa de suceder allá arriba. La imagen del rostro de Zoey —devastado, en lágrimas, mirándome como si fuera un extraño— estaba grabada en mi mente.
Finalmente logré poner el auto en movimiento, manejando automáticamente por las calles de Buenos Aires. No tenía un destino específico, solo necesitaba alejarme de ese departamento, de esas botellas de vino, de esa tarjeta con las palabras que habían destruido mi noche perfecta.
El tráfico estaba relativamente tranquilo para un viernes por la noche, y me encontré conduciendo hacia el Hotel Milani, donde solía hospedarme cuando venía a Buenos Aires. Era un reflejo automático —cuando las cosas se complicaban, me aislaba.
Pero conforme pasaban los minutos, una sensación incómoda comenzó a crecer en mi pecho. No era solo la rabia o la confusión que sentía antes. Era algo más profundo, más perturbado