Desperté con los ojos hinchados y la cabeza palpitando. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas, indicando que ya pasaban de las nueve de la mañana. Había dormido solo algunas horas, y aun así un sueño agitado, interrumpido por pesadillas donde Christian me miraba con desconfianza y desprecio.
Me senté en el borde de la cama, pasándome las manos por la cara. Mi piel todavía estaba sensible de tanto llorar la noche anterior. Después de que Christian se fue, me quedé horas en el sofá,