La cafetería estaba llena, típico de fin de mañana en Palermo. Elegí una mesa cerca de la ventana, estratégicamente posicionada para impresionar —visible lo suficiente para mostrar confianza, discreta lo bastante para una conversación profesional. Mientras esperaba, ajusté nerviosamente la carpeta con mi portafolio sobre la mesa.
Esta no era una entrevista convencional. Luciana Almeida, directora de comunicación de Prisma RP, había sugerido una "charla informal" después de ver mi currículum. "Mejor nos conocemos sin la presión de un escritorio de por medio", escribió ella. Una buena señal, según todos los consejos de carrera que había devorado en las últimas semanas.
Puntualmente a las 11, una mujer de cuarenta y pico entró en la cafetería. Su cabello corto platinado y los lentes de armazón gruesa roja combinaban perfectamente con la reputación de Prisma como la agencia más audaz e innovadora de Buenos Aires.
—¿Zoey? —Se acercó con una sonrisa cálida y un apretón de manos firme—. Lu