El silencio en la casa después de que Dante se fue se sentía súper pesado. Ariadna estaba sentada en la cama, apoyada en las almohadas, mirando su celular. Era un iPhone último modelo que Dante le había regalado, pero ella sentía que ese aparato era como una ventana a un mundo que su esposo le quería ocultar.
—Mamá, gracias por venir —le dijo Ariadna a Elena cuando la vio entrar. Su mamá estaba nerviosa, frotándose las manos—. Quédate en la puerta, porfa. No quiero que nadie entre con el cuento