Una semana después
El silencio de la mansión Volkov era sepulcral, interrumpido únicamente por el roce de los zapatos de Dante sobre el mármol que aún conservaba el eco de la tragedia. Había pasado una semana desde que el mundo se detuvo. Una semana en la que Dante se había convertido en una máquina fría y eficiente, desmantelando su propia vida para purgarla de cualquier rastro de debilidad.
Esa mañana, antes de que el sol terminara de salir, Dante firmó los últimos documentos en su despacho.