Quince días habían pasado desde que el mundo de Ariadna se fragmentó en mil pedazos sobre el mármol de la entrada. Quince días de paredes blancas, olor a hospital y un silencio sepulcral que Dante solo rompía con palabras de consuelo que ella apenas escuchaba. El alta médica finalmente llegó, pero el regreso a la mansión no se sentía como un retorno al hogar; se sentía como entrar en una tumba lujosa donde los recuerdos de lo que pudo ser flotaban en cada esquina.
Dante la llevó en brazos desde