El ruido de la fiesta abajo se sentía como un rumor distante, una interferencia molesta en el silencio cargado de la habitación principal. Dante cerró la puerta con el pie, dejando fuera el mundo, las expectativas de su hermana y las máscaras de la alta sociedad de Nueva York. Solo estaban ellos. Solo estaba su esposa.
Dante se acercó a Ariadna, que permanecía de pie en el centro de la alfombra, mirando hacia la ventana donde la luna bañaba su silueta blanca. Él no pudo evitarlo; la visión de e