Dante ajustó los gemelos de su esmoquin frente al espejo del vestidor principal. El reflejo le devolvía la imagen de un hombre en la cima de su poder, el heredero indiscutible del imperio Volkov, a punto de consolidar su posición con un matrimonio estratégico. Sin embargo, por dentro, sentía una pesadez que nada tenía que ver con los negocios.
Se sentía fatal.
La culpa, esa vieja enemiga que creía haber domesticado tras la muerte de Bella, había regresado con una fuerza renovada, retorciéndol