Ariadna salió del hospital sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones. Su padre siempre había tenido ese efecto en ella; un peso muerto en el pecho que la asfixiaba más que cualquier enfermedad. Casi prefería recordarlo entubado y en silencio, una figura inofensiva en una cama de metal, antes que enfrentarse al hombre que acababa de ver.
Se había inventado todo aquello. Por supuesto que Dante no había preparado ningún apartamento, ni enfermeras, ni seguridad especial. Ella lo había im