—No lo hice a propósito, Mara. Él mandó la ropa a mi habitación esta mañana. Ni siquiera sabía que él se pondría el mismo color —se defendió Ariadna, sintiéndose pequeña—. No elegí estar en esta posición.
—Elegiste quedarte en esa casa —sentenció Mara—. Y en este mundo, las formas importan tanto como el fondo. Si quieres que te respeten en este edificio, tienes que dejar de parecer su juguete. Eres su zorra personal.
Ariadna no respondió. No podía decirle a Mara que estaba allí porque no tenía