Dante estaba terminando de revisar unos informes de costos cuando la puerta de su despacho se abrió de golpe. No necesitó levantar la vista para saber quién era; el olor a tabaco barato y el aire de arrogancia que siempre acompañaba a su hermano llenaba la habitación antes que él. Detrás de Velik, Mara entró casi corriendo, con el rostro pálido y las manos extendidas como si intentara frenar un tren en marcha.
—Señor Volkov, lo siento, intenté decirle que usted estaba ocupado, pero no quiso esc