Cinco años podían pasar como un suspiro cuando la vida estaba tejida con los hilos dorados de la paz y el propósito. La sede de «Aldería Renace», ahora un complejo luminoso de arquitectura sostenible en las afueras de la Ciudad de Oro, era un hervidero de actividad positiva. En una sala de reuniones con paredes de vidrio que daban a un huerto experimental, Luna terminaba una videoconferencia con inversores europeos interesados en el café de comercio justo del Valle.
—La trazabilidad es completa