El sol de media mañana se filtraba a través de los altos ventanales del salón principal de la Escuela Agrícola «Carlos Valdez y Roberto Castellanos», iluminando el polvo de oro que danzaba en el aire. El espacio, normalmente lleno del bullicio de estudiantes aprendiendo sobre cultivos sostenibles, estaba hoy dispuesto para una ocasión más íntima. Había mesas largas cubiertas con manteles blancos, fotos ampliadas de dos hombres sonriendo —Carlos con su bigote característico y Roberto con sus gaf