La salida de la cabaña los engulló en el corazón de la tormenta. La lluvia ya no caía; era una pared de agua líquida que el viento azotaba horizontalmente. El pasadizo detrás de la cabaña no era natural: era un túnel estrecho, excavado en la roca y reforzado con vigas de madera podrida, que descendía en una espiral empinada. Las linternas, ahora esenciales, pintaban paredes húmedas y brillantes.
—¡Rápido! —gritó DJ sobre el rugido del viento que bajaba por el túnel—. ¡Este desemboca en la cara