La tensión en la pequeña cala era un cable de acero a punto de romperse. La lluvia, el viento y el rugido del mar formaban la banda sonora de su punto muerto mortal. Javier, con el dedo sobre el botón del detonador, era una estatua de odio y triunfo.
—¡No te creemos! —gritó DJ, su pistola temblando ligeramente en su mano—. ¡Es un farol!
—¿Lo es? —preguntó Javier, inclinando la cabeza—. ¿Crees que pasé años preparando este lugar sin un plan de salida final? Mi padre guardaba aquí dinamita para «