El apartamento seguro, ahora también refugio para un Elías debilitado pero agradecido, tenía el aire cargado de frustración y urgencia. Elías dormitaba en el sofá, mientras Luna y Mateo, sentados a la mesa de la cocina, revisaban mapas en vano. Saber que Miguel estaba en otro lugar los hacía sentir paralizados.
La llamada a la puerta los sobresaltó. Era un código de golpes acordado solo con unos pocos. Mateo abrió con cautela, y se encontró con el rostro pálido y angustiado de Diego Jr. en el u