El apartamento se había convertido en un cuartel de guerra silencioso. El diario de Carlos descansaba en el centro de la mesa, su cubierta de cuero pareciendo más una carga que un tesoro. La fotografía de la madre de Luna yacía junto a él, su mensaje acusador mirándolos.
—Si lo entregamos, perdemos la voz de mi padre. Perdemos la prueba más contundente de la conspiración original —dijo Luna, su voz ronca por la falta de sueño—. Pero si no lo hacemos, y le pasa algo a Elías… no podría vivir con