El cementerio del Distrito Sur era un lugar de silencio y piedras desgastadas por el tiempo. Bajo un cielo plomizo, Luna y Mateo caminaron por los senderos de gravilla, siguiendo las indicaciones de la nota: Bajo la sombra del ciprés que mira al este. El aire olía a tierra húmeda y a flores marchitas.
Encontraron el árbol, alto y esbelto, su sombra alargada apuntando como un dedo hacia una hilera de tumbas modestas. Y allí, bajo su custodia, estaba la lápida de mármol blanco: Isabel Valdez. Ama