Valentina despertó lentamente, envuelta en una tibieza extraña que no supo identificar al principio. No abrió los ojos de inmediato; se movió apenas entre las sábanas suaves, sintiendo el peso agradable del descanso profundo. Durante unos segundos estuvo suspendida en esa bruma confusa entre el sueño y la vigilia, sin recordar dónde estaba ni por qué su cuerpo se sentía distinto, más sensible, más vivo. Entonces una sensación la recorrió de golpe, como un latido repentino bajo la piel, y la mem