La levantó en brazos con suavidad. Valentina rodeó su cuello, mirándolo desde esa cercanía nueva que ya no tenía máscaras. No había cálculo en sus ojos. Tampoco desafío. Solo vulnerabilidad.
Sebastián caminó por el pasillo sin decir nada. Cada paso parecía más lento que el anterior, como si supiera que al cruzar esa puerta algo iba a cambiar definitivamente entre ellos.
Estaba asustado, nunca antes una mujer lo había puesto así de nervioso.
Entró a su habitación y la apoyó con cuidado sobre la