Desperté antes de que el sol terminara de salir. El aire en la habitación era gélido, pero no tanto como el vacío que sentía en el pecho. Me quedé inmóvil, con la respiración contenida, sintiendo el cuerpo pesado y adolorido. Al intentar moverme, un gemido silencioso escapó de mis labios.
A mi lado, Alistair se removió. Sentí su mirada antes de verla. Me giré lentamente y lo encontré sentado en el borde de la cama, dándome la espalda, pero sus ojos estaban fijos en las sábanas de lino blanco. A