El estruendo ensordecedor de la batalla se desató finalmente en los pasillos inferiores del palacio, rompiendo el silencio sepulcral de la ocupación. Los soldados de Alistair, aprovechando el factor sorpresa y su conocimiento de los pasadizos ocultos, cayeron sobre las tropas de Valdor como una tormenta de acero y nieve. Fue una masacre rápida y despiadada: los invasores, confiados en su victoria y relajados por el vino, no tuvieron tiempo de reaccionar ante la ferocidad animal de los hombres d