La nieve caía con fuerza sobre las montañas suizas, cubriendo el paisaje de un manto blanco que debería haber sido hermoso, pero para Lia solo representaba aislamiento, peligro constante y una sensación de prisión dorada que no terminaba.
Habían pasado casi dos meses desde el traslado y la tensión no disminuía. Mateo, con casi siete meses, gateaba con más determinación cada día. Quería explorar la casa, tocar los muebles, reír cuando veía la nieve caer fuera de la ventana. Pero Lia apenas lo de