La mañana siguiente amaneció limpia y brillante, como si el Caribe quisiera borrar cualquier rastro de la noche anterior. Mateo despertó temprano, lleno de energía, gateando por la cama hasta llegar al pecho de Lia y darle palmadas suaves en la cara para que abriera los ojos. Ella sonrió, lo tomó en brazos y lo llenó de besos mientras Alejandro preparaba el desayuno en la cocina exterior.
—Pa-pa —repitió Mateo con más claridad, señalando a Alejandro cuando este apareció con un plato de frutas c