Dos meses habían pasado desde que Mateo lanzó la caja al mar.
La vida en la casa frente al mar parecía haber recuperado su ritmo. Mateo volvía a reír, jugaba fútbol con Lucas en la arena, ayudaba a Sofía con sus tareas y cada noche le daba a Lia un beso en la frente antes de dormir. La sombra de Camila se había vuelto más pequeña, aunque nunca desapareció por completo.
Era un viernes por la tarde cuando todo cambió otra vez.
Lia estaba en la cocina preparando jugo de piña cuando el timbre de la