Tres semanas después, el teléfono sonó otra vez.
Era el mismo número de España.
Lia contestó con un nudo en el estómago. Sabía, antes de escuchar la voz, que no eran buenas noticias.
—¿Lia? —dijo una mujer desconocida al otro lado—. Soy Elena, la hermana de Camila. Mi hermana falleció anoche. Me pidió que te llamara cuando ocurriera.
Lia se tuvo que sentar. El mundo se le hizo pequeño.
—¿Cuándo… cuándo fue el funeral?
—Ya lo hicimos. Camila no quería que Mateo lo supiera. Solo me pidió que te e