El restaurante era uno de los más exclusivos de Nueva York. Luces tenues, mesas con manteles blancos impecables y un pianista tocando suavemente en un rincón. Alejandro había reservado un salón privado para la cena con su socio más importante: el señor Hiroshi Tanaka, un empresario japonés que podía decidir el futuro de un gran contrato internacional para Valtierra Group.
Lia entró del brazo de Alejandro, sintiendo las miradas de los demás comensales. El vestido verde esmeralda que había elegid