Lia abrió los ojos cuando los primeros rayos de sol entraron por las cortinas blancas de su habitación. Le dolía la cabeza y tenía los labios ligeramente hinchados. El recuerdo del beso en la cocina la golpeó como una ola fría.
Se sentó en la cama, abrazándose las rodillas.
—¿Cómo pude ser tan estúpida? —susurró—. Fue solo un beso… un error. No puede volver a pasar.
Se levantó rápidamente, se duchó con agua fría para aclarar la mente y se puso unos jeans oscuros y una blusa sencilla blanca. No