Los días siguientes en la casa segura se volvieron una lenta tortura de incertidumbre.
La orden europea de arresto contra Camila estaba activa, pero la burocracia internacional era lenta. Cada mañana, Alejandro revisaba su teléfono esperando la confirmación de que Camila había sido trasladada a una prisión en España o Francia. Cada noche, la ausencia de noticias lo dejaba con una frustración creciente.
Lia, por su parte, estaba al límite. La terapia ayudaba un poco, pero el miedo seguía siendo