Mateo cumplió trece años en completo silencio.
No hubo pastel. No hubo velas. No hubo regalos. Solo un desayuno tenso donde nadie se atrevió a decir “feliz cumpleaños”.
Lia lo intentó. Preparó su desayuno favorito, huevos con plátano frito y jugo de naranja recién exprimido. Puso el plato frente a él con una sonrisa que le costó la vida.
—Feliz cumpleañosó un “gracias” seco y siguió escribiendo. Lia sabía con quién hablaba. Con Camila. Siempre con Camila.
El moretón en, mi amor…
Mateo ni siquie