Mi cabeza me estaba matando, y a lo lejos escuchaba una voz que no dejaba de llamarme desesperadamente.
—Isaías… Isaías… Isaías… despierta, tenemos que irnos de aquí. Despierta príncipe durmiente, despierta o Mariam no me perdonara que te deje aquí tirado.
Por más que quisiera abrir los ojos, algo me lo estaba impidiendo. Trate de mover mi cuerpo y no me respondía, pocas veces soy de quedarme dormido de esta forma, espero que pronto me pueda recuperar para calmar todas mis angustias. Nuevamen