—Amor, amor… me escuchas.
La voz de Mariam de nuevo llegaba a mí, a diferencia de las otras veces ahora la escuchaba a mi lado y podía sentir sus manos sobre las mías. Intente moverme y por suerte ahora lo lograba, poco a poco fui abriendo mis ojos y logre ver su imagen.
—M-Mariam…
—Isaías, me alegro que despertaras. Amor mío, no sabes cuánto te hemos hecho de menos en casa, solo nos faltas tú para poder estar tranquilos.
—Ya na tienes de que preocuparte, no pienso marcharme de nuevo y dejarte