Nadie se movía de su lugar por temor a que esa loca nos lastimara, mi pecho se inflaba de preocupación, una y otra vez por cada segundo que pasaba. Su rostro reflejaba que no pensaba ceder ni un segundo.
—Señorita Samantha, baje el arma. Debe de reconsiderar las cosas mejor, hay muchas personas en este lugar.
—Usted no se meta, coloque las carpetas sobre la mesa y asegúrese de que Isaías firme los documentos como acordamos. Hemos perdido mucho tiempo por contratiempos, si no firmas en este mome