—¿Crees que aceptaré que me pagues el alquiler? —Los labios de Mónica temblaron, en una risa nerviosa—. E-estás exagerando. Por muy centrados que estemos en un mismo objetivo, eso no quiere...
—Shh.
Rafael posó la yema de su dedo sobre la boca de la mujer, dejándola en shock, más de lo que estaba.
Le mostró una sonrisa pícara.
—Por Dios, mujer. Déjate ayudar —se quejó—. Te estoy dando una oportunidad única, solo acéptame sin cuestionar.
La suavidad de su dedo dejó a Mónica con una sensació