Estoy empezando a olvidar cómo era mi vida antes de él. Antes de sus silencios cargados, antes de su forma brutal de protegerme, antes de sus manos frías que me calientan el pecho sin siquiera tocarlo.
El aire en la casa se ha vuelto más denso desde el baile. Viktor y yo nos cruzamos más seguido, pero decimos menos.
Y cada vez que lo veo, algo en mí se crispa. No sé si es deseo, rabia o miedo. Probablemente una mezcla letal de todo.
Esta mañana desperté con una punzada en el pecho. No fue un ma